No se me ocurrió otra cosa que decirle que lo sentía pero que estaba muy cansado. En parte era verdad, porque mis ojos pesaban tanto o mas que mi cuerpo, que era un peso muerto a punto de desplomarse. Pero realmente mis ganas de seguir allí, con ella, me hubieran dado las fuerzas suficientes como para ponerme firme, mirar hacia el horizonte y decir: No hay nada que me apetezca más que quedarme aquí contigo.
Mientras me marchaba de aquel lugar, las maldiciones me invadían poco a poco. Tenía la tentación de volver mi cabeza hacia atrás y gritar con todas mis fuerzas que no me dejara marchar.
No lo hice.
Ella tampoco tampoco.
Y largarme de aquel lugar fue y será una de las estupideces mas grandes de mi trayectoria vital. Por eso ahora, he empleado mi poder de retroceder en el tiempo y me he quedado. Vuelvo a sentir los ojos pesados, el cuerpo inmolado de cansancio, pero la firmeza de mi espalda indica que mis ojos la ven frente al horizonte, que no hace falta gritarle que me pida que me quede, que no hace falta maldecirme a mi mismo por haberme ido, porque no lo he echo, ni lo haré jamás.
All is full of love.
sábado, 6 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario