Tenía una cosa entre las manos pero se ha ido.
Sentía que podía tocarla. sentía su latido.
Tenía una cosa entre las manos, pero ha desaparecido.
De todas las cosas que por mi mano han pasado, no recuerdo ninguna como esta.
Y el dolor que esta me ha producido al marcharse, es único.
Tengo la sensación efímera de haberla dejado escapar entre mis dedos. Y yo que creía que la tenía apretada, fuerte entre mis yemas, dormida a la vez que despierta en mi palma.
Mi puño era la defensa, con la que estaba dispuesto a golpear a cualquiera que quisiera arrebatarmela.
Pero el viento ártico que golpea mi piel, ahora, me ha insensibilizado la mano. No puedo asegurar cuando ha caído.
Abro bien las dos extremidades, miro una, miro la otra, y me parece increíble que ya no haya nada. Que solo el calor del recuerdo me haga ser consciente de que lo tuve.
Me encierro las malditas cestas de carne en los bolsillos, las aprieto. Grito de rabia. Odio que todos lo oigan. Odio que me oiga e irremediablemente, siga por un camino distinto al mío.
Odio perder lo que quiero. Odio que lo que quiero, se pierda sin saber como.
lunes, 22 de febrero de 2010
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